Esto es un blog. Y esta, mi primera entrada. Por eso no he cambiado el título por defecto: es perfecto. 

¿Por qué un blog, y por qué ahora, Moi? Porque mi cabeza es un hervidero de cosas, no necesariamente creativas ni embadurnadas de talento. Solo cosas. Vamos, como todas las cabezas. A veces les doy salida en forma de vídeo, de tweet, o de chascarrillo lamentable en la barra de un bar. Y el blog es una alternativa, ligeramente más digna que las anteriores, y ciertamente más reposada. No tengo que preocuparme por cómo llevo el pelo antes de grabar un vídeo, ni de comprimir lo que pienso en 140 caracteres, ni de vestirme para salir de cervezas.

Así pues, este blog es fruto de la pereza, amig@. Mi pecado capital favorito, porque todos los demás requieren que hagas cosas.

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Yo sopesando seriamente si arranco el blog o no.

Comencé a subir vídeos a Internet por una cuestión de puro cabreo. Puro cabreo ante determinadas injusticias, alimentado por la estupidez humana que va comiéndonos terreno inexorablemente en el tablero, da igual dónde vivas (sin ir más lejos, yo soy uno de los estúpidos).

¿Seguiré haciendo vídeos con el leitmotiv “A ver si lo he entendido bien”? Por supuesto, me encanta grabarlos y editarlos, siempre que el tiempo me lo permite. Pero pienso usar muy mucho esta nueva vía de comunicación para seguir gritando, jaleando, criticando y blasfemando contra todo aquello que crea que lo merece. Más que por el hecho de que tú me leas, querid@ lector/a, por una cuestión de higiene mental propia. Aún así, si estás por aquí y quieres acomodarte, serás bienvenid@.

¡COMENZAMOS!